Más allá de Israel

05/Sep/2014

Diario de Mallorca, María Amengual Salom

Más allá de Israel

La primera de todas las
fuerzas que dirigen el mundo es la mentira. Lo denunció el francés
Jean-Françoise Revel, que se temía que, a pesar del acceso casi ilimitado a la
información, el ciudadano está sometido al tamiz de la ideología. Así que le
resulta mucho más fácil escoger los hechos favorables a sus convicciones y
rechazar los otros. Es por ello que, aun en la era de Internet, San Google o
numerosos medios de información y comunicación, todavía es necesario unir la
racionalidad para procesar los datos con la honradez a la hora de hacerlo. Y no
pronunciarse sobre una cuestión más que después de haber tomado en
consideración todas las informaciones a las que se tenga acceso, sin eliminar
deliberadamente ninguna, sin deformarlas y sacando las conclusiones de buena
fe. Sin embargo, a menudo la ideología hace al ser humano inmune a la
experiencia adversa. No importan los hechos que no se ajustan a la explicación
que cada cual ofrece de los conflictos.
Revel ponía de manifiesto
en ´El conocimiento inútil´, hace ya 20 años, cómo Occidente se había indignado
ante el Apartheid sudafricano, mientras pasaba por alto la masacre de los
tutsis sobre los hutus en Burundi que dejaba cien mil muertos, las purgas del
dictador guineano, o lo que ocurría en Uganda y Etiopía. Pues bien, este verano
hemos asistido también al enojo de la comunidad internacional ante los
bombardeos israelíes en la franja de Gaza, que han provocado más de dos mil
muertos en las filas palestinas, casi todos civiles. Mientras tanto, en Irak el
Estado Islámico se ha adueñado de Mosul y ya son más de mil las ejecuciones
llevadas a cabo. De la misma manera ha hecho su aparición en Siria haciendo
bueno a Bashar al-Asad en un conflicto que se ha cobrado ya doscientas mil
vidas. Y los terroristas de Boko Haram cuentan ya más de cuatro mil víctimas en
Nigeria.
Pero la ideología a
menudo conduce al maniqueísmo. Una de las partes en conflicto es Lucifer,
mientras que la otra es ejemplo de santidad. El grupo terrorista Hamas ejecutó
recientemente a 18 palestinos acusados de colaborar con Israel. ´Son traidores
y merecen morir´. No han sido los únicos. Por supuesto, sin un juicio previo,
ni presentación de pruebas en su contra, ni derecho a defenderse. Hannah Arendt
explica muy bien cómo las purgas y la culpabilidad por asociación sirven a los
totalitarios para atomizar y aterrorizar a los individuos y conseguir así su
adhesión ciega al movimiento. En ningún país árabe se ha producido hasta hoy
una corriente de indignación al respecto. Un hecho que llama especialmente la
atención si se compara con la reacción de determinados sectores de la población
israelí, ya que trescientas mil personas salieron a las calles de Tel Aviv en
su día denunciando las matanzas de Sabra y Chatila, donde murieron más de ochocientos
palestinos. Con sus muchas carencias, probablemente el estado de Israel sea al
fin y al cabo lo más parecido a una democracia que existe en Oriente Próximo.
Sin embargo, se proclama reiteradamente que Israel es culpable de genocidio.
La noción de genocidio
responde a unas circunstancias y criterios que no tienen nada de vago. Cuando
la violencia ejercida contra los enemigos tiende no sólo a someterlos, sino a
exterminarlos, hay genocidio. O cuando este exterminio se extiende a toda la
población según un plan premeditado más allá de las operaciones militares,
cuando se destruyen sus medios de vida de manera deliberada y cuando las
matanzas organizadas continúan después del establecimiento del orden y con el
adversario reducido a la impotencia. Si se acogen estos criterios, el genocidio
lo estaría cometiendo el Estado Islámico en Irak contra cristianos, kurdos o
yazidíes, obligados a huir para no ser aniquilados al no convertirse a la fe
verdadera. Pero el foco de la opinión pública está sobre Gaza. Por supuesto que
es un escándalo lo que le ha ocurrido a la población civil palestina.
Escandalizarnos significa que somos capaces de simpatía, no sólo de odio.
Israel puede ser acusada de desproporción, no de genocidio. No es éste un
conflicto que pueda leerse en términos de buenos y malos. Estas etiquetas
conducen a un falso maniqueísmo que puede desviar la atención de los
comportamientos totalitarios de aquellos considerados buenos, incluso hacia su
propia población.
La ceguera voluntaria de
Occidente ante matanzas que no llevan el sello de los israelíes sino de grupos
extremistas musulmanes constituye una grave irresponsabilidad. No sólo por el
número de muertos, sino porque hay que preocuparse de quienes quieren extender
su califato y someter al otro sin importar las vidas humanas que cueste.
Intenciones que comparten el Estado Islámico (que por cierto también nos
incluye en el mapa), Hamas y Boko Haram. El periodista británico Andrew Anthony
sostiene que pensar que la principal amenaza para la democracia procede de un
estado democrático es un lujo que sólo pueden permitirse los fantasiosos, los
hipócritas o los ingenuos incurables. Los demás debemos enfrentarnos a la
realidad. Lo contrario significaría que desde la publicación de ´El
conocimiento inútil´, allá en 1993, no hemos aprendido nada.